domingo, 23 de octubre de 2011

El misterio del árbol fantasma

Una tarde, en un pequeño pueblo llamado Villa Kirrin, en una casita apareció un gran árbol. Cuando el dueño salió dijo:
 -¡Amelia! ¿Has plantado tu este árbol ?
- No yo no he plantado ningún árbol desde la semana pasada. ¿Por qué?
- Porque hay un nuevo árbol que habita nuestro jardín.
Cuando Amelia salió se quedó alucinada y dijo:
-Quien haya plantado este bonito árbol ha tenido un buen detalle. Es un manzano.
Has tenido muy mala suerte Manolo por tu problema de alergia.
- Vaya hombre ahora tendré que ponerme la vacuna de la alergia .Voy a coger la cita.
- Vale yo voy a por la regadera para regar el manzano.
A la mañana siguiente el manzano había desaparecido. Alguien se lo había llevado.
Cuando lo vió Amelia dijo: ¡Jo, con lo bonito que era! Manooolooooo anula la vacuna de la alergia.
-¿Por qué?
- Porque el manzano ha desaparecido.
- Genial porque no me quería ponerme la vacuna.
A la mañana siguiente había otro árbol en el jardín. Era un cerezo.
-¡Amelia hoy hay otro árbol en el jardín! - Le dijo Manolo a Amelia -
- No puede ser, ayer un manzano y hoy un cerezo. Esto es muy raro. ¿No te parece?
 - Pues la verdad es que si. Podríamos llamar a nuestra hija Laura para que investigue ya que es policía.
- Eso es muy buena idea. Iré dentro de casa y llamaré a Laura.
Al cabo de un rato Amelia llego con buenas noticias.
- Manolo nuestra hija dice que ese caso es muy raro que debe de haber alguien que viva cerca de aquí.
Pero nuestros vecinos no pueden ser puesto que son bastante mayores.
Laura dice que empezará mañana a investigar el caso del árbol fantasma.
- Muy bien. Por cierto han llamado los vecinos por si queríamos pastel de chocolate.
- ¿Y tú que has dicho?
- Pues he dicho que si ¿Cómo no? Es mi favorito
- Me lo suponía no sé por qué pregunto. Por cierto ¿Lo van a traer o tenemos que ir a por él?
- No lo sé, no he preguntado. Pero podríamos ir, ya que ellos son mayores y agradecerán nuestra compañía.
- Vale. De acuerdo.
A la mañana siguiente aparte de haber otro árbol, que por cierto, era un naranjo.
Al rato llamó Laura:
- Mamá vamos a dejar de investigar por que tenemos que investigar otros casos diferentes. ¿Vale?. Siento no haber descubierto nada.
Y así es como Amelia y Manolo vivieron toda su vida con árboles que aparecían y desaparecían constantemente.
¡¡¡Ah,  y cómo no!!!
Aprovechaban todos los días  y cogían los frutos porque los árboles siempre estaban llenos de deliciosa fruta.
Sofia Parra Cádenas.(5º curso)

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